Cada mes, miles de personas eligen atesorar divisas y ese
dinero se aleja de los comercios. El Gobierno enfrenta dos "bretes":
el atraso cambiario y el de la tasa de interés en pesos: si la deja alta,
enfría la economía; si la baja, fogonea la dolarización y esto también retrae
el nivel de actividad
En la city porteña ya no se ven largas filas frente a las
casas de cambio. Tampoco en los bancos. Esas fotos de otras épocas, típicas de
las crisis en la Argentina, quedaron para el álbum de los recuerdos.
Pero eso no significa que la fiebre dolarizadora haya
menguado. Todo lo contrario, el 2016 terminó con la peor "fuga" de
capitales en cinco años.
Esta masiva dolarización le asesta un golpe demoledor al
consumo, justo en momentos en que el Gobierno necesita urgentemente que se
reactive la economía.
Las estadísticas son tan elocuentes que eximen de cualquier
comentario: los argentinos están destinando a la compra de billetes verdes seis
veces más del dinero que dejan en los principales shoppings del país.
Este fenómeno no se dio sólo en un mes en particular. Es lo
que viene ocurriendo desde hace ya un año, de acuerdo con los datos oficiales
del propio Banco Central e INDEC.
El impacto negativo en el consumo es innegable: la adquisición
de billetes verdes es liderada por muchos argentinos de a pie que cada mes
eligen comprar divisas en lugar de ropa, calzados o un electrodoméstico en
cuotas.
En cifras anuales:
- La dolarización trepó a la friolera de u$s1.600 millones
mensuales promedio en los últimos doce meses (casi u$s20.000 millones)
- En tanto, las ventas en shopping promediaron los u$s280
millones por mes durante ese mismo lapso
Los números de diciembre también son elocuentes:
- Por ventanillas oficiales salieron casi u$s3.500 millones
- Casi 1 millón de clientes se volcó al atesoramiento de
billetes verdes
- El total de adquirentes fue 40% superior al del mes
anterior
- El monto del último mes del año duplicó al de diciembre
2015
Con estos números sobre la mesa, muchos estarían tentados a
pensar que esa demanda se explica por las fuertes compras de las
multinacionales. Pero no es así: el 45% de las operaciones se pactó por menos
de u$s10.000 mensuales.
El siguiente cuadro ilustra cómo vienen siendo las
transacciones según el monto:
Ejecutivos de bancos y referentes de la city señalan a
iProfesional que el público que adquiere cifras relativamente pequeñas es el
mismo que el que suele recorrer los shoppings y las principales avenidas.
En otras palabras, se trata del target al que le apuntan las
marcas de indumentaria, calzado, casas de electro y artículos para el hogar.
No caben dudas de que buena parte de esas miles de personas
que cada mes se lleva menos de u$s10.000 de los bancos es la que podría volcar
esos pesos en los comercios.
La elección parece clara: resignan la compra de productos y
servicios, de una "pilcha" o un artículo para el hogar en pos de
atesorar divisas.
A diferencia de otras épocas recientes (cuando recurrían al
mercado paralelo y llevaban lo obtenido al colchón o a una caja de seguridad),
muchos particulares ahora arman plazos fijos en dólares.
Es así como los depósitos ya sobrepasaron los u$s22.400 millones,
si bien para lograr este nivel récord también contribuyó el blanqueo.
Esta distinción de recurrir al circuito formal es relevante
para la economía: no es lo mismo que el público compre y se los lleve a la casa
o a una caja de seguridad a que deje esos fondos dentro del sistema bancario.
En este último caso, las entidades quedan en condiciones de
prestarles a las empresas vinculadas con el comercio exterior, incluso a una
tasa más baja.
Precisamente esto es lo que ha venido sucediendo: los
créditos otorgados al sector privado se triplicaron en estos últimos doce meses
hasta alcanzar un stock de u$s9.150 millones.
Esta fiebre dolarizadora- que no deja de inquietar al
Gobierno- tiene al menos una arista beneficiosa para el Banco Central: le quita
la presión de tener que ser el único soporte del tipo de cambio.
En un momento de fuerte ingreso de capitales por el blanqueo
y emisiones de deuda -tanto del Estado Nacional como de las provincias- esa
demanda de ahorristas contribuye a mantener la cotización.
Más aun, ayuda a que no se profundice el atraso cambiario,
luego de que la inflación de los últimos doce meses (40%) duplicara al avance
de la divisa estadounidense (20%).
Financiando la fuga
La historia económica reciente muestra que la demanda de dólares
se agranda cuando el público "olfatea" que su precio está rezagado.
Por el contrario, se reduce cuando no existe tal percepción:
- Entre 2003 y 2007, la opinión mayoritaria era que el país
gozaba de una buena competitividad y que el tipo de cambio estaba alto.
Resultado: la salida de capitales fue de u$s3.400 millones
promedio anual para esos cinco años.
- En 2008 irrumpió la "guerra" entre Cristina
Kirchner y el campo. Sumado a la mayor incertidumbre política, crecieron las
dudas sobre si el billete verde estaba quedando rezagado.
Resultado: la formación de activos en el exterior -lo que
comúnmente se denomina "fuga de capitales"- trepó a u$s23.000
millones.
- En 2011 se acentuaron las expectativas sobre la llegada de
una fuerte devaluación y se fue haciendo más evidente que el país atravesaba un
período de "dólar barato".
Resultado: la salida de capitales totalizó u$s21.000
millones y derivó en la instauración del "cepo".
A diferencia de esos años "calientes", en la
actualidad no hay temores a que ocurra un salto cambiario imprevisto.
Esto, por la sencilla razón de que el Gobierno ahora puede
conseguir en los mercados financieros las divisas que necesita para cerrar el
bache fiscal.
De hecho, el ministro de Finanzas, Luis "Toto"
Caputo, acaba de anunciar que la Argentina requerirá unos u$s40.000 millones
este año.
Está claro que si el mercado de crédito externo no estuviese
abierto, la situación sería distinta. En otras palabras, el actual esquema
económico no es sustentable sin esas colocaciones de deuda.
Sin embargo, hay muchos que temen que buena parte de esos
dólares que consigue el Gobierno estén "financiando la fuga". Más
aun, en un contexto en el que el olfato de los argentinos les vuelve a indicar
que hay "olor" a atraso cambiario.
Así, suponen que es más "negocio" comprar billetes
verdes a $16 que ropa o electro en los shoppings.
Algo de razón tienen: la consultora LCG, fundada por Martín
Lousteau, calcula que la cotización debería ser de $19,90 para recuperar el
terreno perdido frente a la inflación desde octubre de 2011 (cuando arrancó el
cepo) a la fecha.
Los dos dilemas del equipo económico
Por lo pronto, el Gobierno está metido en un par de
"bretes":
- No puede subir el dólar por ser un año electoral y porque
hay una gran entrada vía blanqueo, que tiende a debilitar el precio
- Pero mantenerlo "barato" atenta contra el
consumo, enfría la economía y aleja los "brotes verdes", ya que el
70% del PBI depende de las compras en el mercado interno.
El otro "brete" viene por el lado del manejo de la
tasa de interés en pesos que fija como referencia el Banco Central:
- Si Federico Sturzenegger la mantiene alta para hacer más
atractivas las inversiones en moneda local, no contribuye a dinamizar el ritmo
de actividad
- Si la baja para darle impulso a la economía, desalienta
las colocaciones en pesos y fogonea la dolarización, lo que a su vez reduce el
consumo y enfría la economía
Otro inconveniente viene por el lado de la mayor
incertidumbre laboral, que lleva a que muchos argentinos prefieran ahorrar, por
precaución, a quemar su dinero en los shoppings.
¿Cómo salir?
"La única manera de romper este esquema pernicioso es
retomando la senda del crecimiento", analiza un funcionario cercano a
Gustavo Lopetegui y a Mario Quintana.
En tanto, los flamantes ministros Dujovne y Caputo -cada uno
en su área- están convencidos de que lograrán dar vuelta la historia.
El primero apunta a dar una mayor certidumbre desde el lado
fiscal. El segundo, a brindar señales claras de que los dólares que el país
necesita están disponibles.
La consigna es clara: lograr la reactivación de la economía
lo antes posible y, de conseguirlo, que el crecimiento sea sustentable en el
tiempo.
Para ello, primero habrá que convencer a los argentinos de
que consuman en vez de que compren dólares.
El problema para el Gobierno es que muchos perciben que hay
atraso cambiario. Para peor, siempre le hacen caso a su olfato.
Fuente: iprofesional.com
Resistencia, 17 de enero de 2017

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