Un equipo de funcionarios apura gestiones para la llegada de empresas extranjeras que aporten capital en áreas como infraestructura, comunicaciones, transporte y construcción. Para fomentar la demorada "lluvia de dólares" el Estado puede asumir el compromiso de la viabilidad económica.
Para quien se guíe por los titulares de los medios de comunicación y las declaraciones de los funcionarios, el
ranking de
preocupaciones de Mauricio
Macri suma nuevos ítems conforme transcurren los días.
Entre los principales aparecen temas como la
inflación, las
paritarias, los cortes de
energía, la negociación con los
buitres y la búsqueda de un
pacto con los
gobernadores que le asegure una
mayor gobernabilidad.
Pero hay un punto que, aunque se mantiene en un segundo plano en cuanto a su difusión, es uno de los que más le saca el sueño al
Presidente.
Se vincula con algo que él había enfatizado en la campaña electoral y que, al menos por ahora, dista mucho de concretarse: la
ansiada "lluvia de dólares" que iba a llegar al país a poco de asumir.
En varias oportunidades,
Macri se refirió a una
ola capitales proveniente de
inversores ansiosos por asociarse a un período de
crecimiento de la
economía argentina.
Pero, como dice una vieja frase, la única verdad es la realidad. Y lo cierto es que el levantamiento del cepo, las señales "market friendly" y la oferta a los "buitres" todavía parecen
no resultar suficientes como para asegurar una decidida
corriente inversora.
Es verdad que la presencia argentina en e
l foro de Davos tuvo una
evaluación muy
positiva en este sentido. Pero también es cierto que
muchos de los
desembolsos anunciados formaban parte de planes que
ya estaban en marcha y que se habían informado durante el gobierno kirchnerista.
Según el diagnóstico macrista, se requiere más temprano que tarde de
una nueva oleada de
fuertes inversiones provenientes del exterior, orientada principalmente a:
1. Darle
impulso al crecimiento de la economía a partir de un
motor "genuino". Es decir, que los desembolsos estén enfocados en
proyectos productivos -pensados para el mediano y largo plazo- y no basados exclusivamente en incentivar el
consumo interno.
2.
Reforzar la
estabilidad cambiaria a través de la llegada de
dólares frescos por la vía
no financiera. Esto, además, contribuiría a
engrosar el nivel de reservas líquidas del
Banco Central.
3. Enviar una
señal fuerte al
sector privado en un momento en el que la
pérdida de
puestos de
trabajo en empresas de un amplio abanico de sectores empieza a consolidarse como un
problema central.
¿Cómo se vienen dando las cosas? En principio, ya
se puso en marcha un
plan. Y si bien el Estado no está en condiciones de coinvertir con los privados, el
Gobierno quiere aplicar una
fórmula que
levantará polvareda.
No es para menos, ya que está planteando un
esquema por el cual los
inversores dispondrán de una suerte de
"garantía estatal" de
rentabilidad.
El equipo de ReyserPara avanzar en este sentido, el
Presidente confió la tarea a un
funcionario de su plena confianza:
Horacio Reyser.
Este empresario dedicó sus últimos años a
aceitar contactos en el mundo de los negocios corporativos. Guarda vínculos muy estrechos con consorcios locales y del exterior, a los que conoció como socio del Fondo Morita.
Reyser, si bien mantiene un
bajo perfil en los medios, cumple una función clave: es el
asesor presidencial en lo que a
inversiones extranjeras directas se refiere.
Además, se ocupa de seguir de cerca los temas "micro", de
destrabar todo lo que sea necesario para que las
empresas de afuera puedan cumplir con sus
planes de negocios en el país.
Para muestra, basta un botón. Un importante conglomerado que desde hace más de un año venía infructuosamente intentando la
reapertura de un
centro de operaciones pudo lograr tal cometido en unas
pocas semanas.
No hubo magia. Sólo la paciente actitud de funcionarios, que se focalizaron en que esa inversión se materialice dejando al margen la
persecución de una coima que, por otro lado, los empresarios extranjeros no podían siquiera justificar en el balance de la compañía internacional.
Los planesEl equipo conformado por hombres del círculo íntimo del Presidente llegó a un primer
diagnóstico sobre el estado de situación de las diferentes áreas claves de actividad.
Más aun, a partir de una pormenorizada investigación
identificaron el "top five" de los
sectores con
mayores chances de hacerse de dólares contantes y sonantes en esta primera etapa.
1. Infraestructura en
rutas
2.
Transporte (en particular trenes)
3.
Telecomunicaciones
4. Mercado
inmobiliario
5.
Energía (en particular las renovables)
En este último rubro hay varias
apuestas ya en marcha que, al concretarse, le permitirán a la Argentina cumplir con determinados parámetros requeridos por aquellos países desarrollados para integrar la
OCDE.
Este viene a ser uno de los
primeros objetivos políticos expuestos públicamente por el Gobierno.
En otro rubro, son varios los
proyectos de infraestructura que van teniendo lugar en diferentes distritos.
Los funcionarios guardan en secreto las iniciativas de este tipo en las que están avanzando, si bien aceptan que algunas de ellas se emplazan en la
Ciudad de Buenos Aires y en varias provincias, como por ejemplo
Mendoza y
La Rioja.
El macrismo ya dio algunas pistas en este sentido. En particular, con el planeado relanzamiento del plan de viviendas
Procrear rescatado del kirchnerismo y el marcado apuro por refundar la
ley de Telecomunicaciones.
La idea del Gobierno es arrancar con
proyectos que puedan estar
listos durante los
próximos 24 meses. Por cierto, ese plazo no es caprichoso, en un contexto en el que
urgen las
necesidades económicas pero también las
políticas.
A nadie de la administración macrista le escapa que el año que viene hay
elecciones legislativas, que funcionarán como un verdadero
referéndum y que definirán a suerte o verdad cómo serán los
últimos dos años de gestión de Macri en su primer mandato.
Un esquema arriesgadoEl Gobierno ya tuvo distintas muestras y un par de reveses que le hicieron entender que
los capitales no "lloverán" sobre la Argentina, tal como lo soñaba el propio Macri antes de asumir.
Un
mundo que continúa
atravesado por la
crisis y un país que desde hace
años viene bandeándose en sus propuestas políticas y económicas -como así también en el rol que debe tener el Estado sobre la actividad privada-
no son precisamente el
mejor mix para
atraer divisas.
Claro está...
a menos que el
atractivo sea
imposible de rechazar.
Y este es precisamente el camino que están recorriendo los
funcionarios "M" en su afán por plantear una
estrategia de negocios que sirva para
atraer a los
conglomerados empresarios más relevantes.
Las iniciativas en danza ahora admiten la posibilidad de
asociaciones entre el
Estado y los
grupos privados. ¿Por qué? porque a los
inversores los
ayuda a
reducir su exposición a la hora de poner dólares en Argentina.
O, dicho de otro modo, las
partes asumen riesgos no en su totalidad sino
compartidos. Más aun cuando se trata de sectores productivos.
Sin embargo, no es lo que están elucubrando los funcionarios de primer nivel.
Más bien, según pudo saber
iProfesional, están haciendo referencia a una
fórmula en la que el
Estado sea el que termine
garantizando la
viabilidad de algunos
proyectos de inversión.
En otras palabras, es el que les
otorgará a los
ejecutivos de negocios
garantías de
rentabilidad para que éstos
traigan sus
dólares al país.
Por
cierto, es una decisión no exenta de riesgos. No sólo por la
mala señal que se les envía a todos aquellos
empresarios que quedan
afuera de semejante ventaja sino también por los eventuales problemas a futuro que contratos de este tipo le depararán al propio Estado.
"¿Cuánto habrá que esperar para que un
esquema así no termine en
juicios contra la Argentina en tribunales internacionales como el
Ciadi?", se preguntó un influyente asesor de empresas.
Esta última pregunta es que la que también se formulan algunos secretarios de la actual administración, que conocen los
laberintos jurídicos que se transitan en este tipo de acuerdos.
Sin ir más lejos, el
convenio (todavía secreto) entre
YPF y la estadounidense
Chevron pactado en épocas kirchneristas está
sospechado de seguir ese modelo.
Lo menos que se espera de los actuales funcionarios, que fueron severamente
críticos de
aquel paso dado por la anterior gestión, es que ahora que están en el poder
no imiten esos
comportamientos tan cuestionables.
En forma simultánea, el Gobierno avanza en su política "
friendly" hacia los
organismos internacionales. Al contrario del kirchnerismo, los ve como
aliados políticos que ayudarán a la
economía a
salir de la recesión.
En concreto, Alfonso Prat Gay y el resto del equipo piensan que el
BID y otras entidades multilaterales podrían
financiar, por ejemplo,
proyectos de infraestructura en las provincias.
Esto,
sin que ello requiera de
condicionalidades imposibles de cumplir en el corto plazo.
Los contratos para acercar
dólares a la economía podrían no demorarse más allá del
primer semestre, se ilusionan en Economía.
Hay
funcionarios -empezando por el mencionado Reyser- que
mantienen encuentros a diario con empresarios dispuestos a escuchar propuestas.
"Hay
muchas trabas que han quedado
oxidadas por el paso del tiempo sin intentar siquiera levantarse", resumió a
iProfesional un importante ejecutivo de negocios ligado a la
construcción.
Desde ambos lados del mostrador sacan cuentas.
En los funcionarios se nota
entusiasmo, aunque también
ansiedad. Ahora falta que "
lluevan" esos
dólares con los que tanto se
ilusionó Macri en épocas de candidato.
Miércoles, 17 de febrero de 2016
Fuente: iProfesional