El sector acumuló stocks y redujo su actividad al punto de
que las fábricas trabajan al 60% de la capacidad. Los problemas están afectando
incluso al primer eslabón del algodón. Mientras avanza la apertura comercial,
el Gobierno tiene un plan polémico para "reconvertir" al rubro
El empleo se ha convertido en un tema tabú para el Gobierno.
No porque sea una problemática que esté fuera de la agenda oficial, sino porque
es una de las promesas de campaña que todavía no se refleja en resultados
positivos.
Hay algunos sectores, como el textil, que se volvieron un
caso paradigmático de pérdidas de puestos de trabajo.
Según las cámaras industriales del sector, esto es
consecuencia del panorama recesivo general, pero también el resultado de
medidas económicas puntuales, como la mayor apertura importadora.
En medio de las críticas, el Ejecutivo elabora un "plan
productivo" para reactivar la generación de empleos en el entramado
fabril.
La iniciativa impulsada por el jefe de Gabinete económico,
Mario Quintana, y el ministro de Producción, Francisco Cabrera, apunta a
incrementar la productividad y reducir los costos.
Esto, a través de una medida no exenta de polémica: el
recorte de las cargas sociales.
El problema es que la intención de frenar la pérdida de
puestos de trabajo choca con otras medidas que van en sentido contrario.
En la rama textil, la apertura de importaciones promovida
por el Ejecutivo, en un contexto de caída del consumo, provocaron un
"efecto de pinzas" sobre la actividad.
En medio de un derrumbe en las ventas, que los expertos del
sector estiman en el orden del 30%, hay empresas que están operando al 60% de
su capacidad instalada.
"Hay una pinza que aprieta a la industria textil.
Cuando entra un producto terminado para el consumo, deja de trabajar toda la
cadena y si sobra algodón, se exporta sin valor agregado", advirtió a iProfesional
el presidente de la Fundación ProTejer, Jorge Sorabilla.
La apertura comercial impacta, sobre todo, porque se produce
en un momento recesivo.
Según datos de la CAME, en julio pasado, la caída de las
ventas fue de un 8,8% interanual para el rubro "textil blanco"
(sábanas, manteles, cortinas, toallas, etc), mientras que la merma fue de 7,7%
interanual para la indumentaria.
El problema es que la "torta" se achicó y, además,
los importados tienen una porción mayor.
Las quejas de los empresarios del sector dejan en evidencia
los problemas de competitividad: ni siquiera con una devaluación del 50% se
está logrando hacer frente a los productos que llegan del exterior,
principalmente de Asia y Brasil.
Los problemas de esta rama de actividad se están sintiendo
con fuerza en el empleo en Buenos Aires, Tucumán, La Rioja, Santa Fe y
Catamarca, que acumulan 8.000 suspensiones, según los datos de ProTejer.
La cifra casi triplica los casos relevados por la Asociación
Obrera Textil (AOT) que en la primera semana de agosto había informado 3.000
suspensiones y 300 despidos.
La diferencia se debe a que la entidad empresarial además
incluye a técnicos, administrativos, y trabajadores de la confección.
El parate de la actividad se intensificó en el segundo
semestre.
La planta de Mafissa en La Plata envió en los últimos días a
240 trabajadores a sus casas.
En tanto, la principal fabricante de hilados del país
TN&Platex suspendió desde fines de julio hasta octubre a 460 empleados de
sus dos establecimientos de Tucumán. Además, hizo lo mismo con otros 260
operarios de su planta de Catamarca, en este caso por 30 días.
Anteriormente, Alpargatas había finalizado los contratos
laborales de alrededor 70 personas.
A pesar que solicitó el plan Repro de $2.000 por trabajador,
la tucumana Tecotex ya pidió que se incremente la ayuda estatal, mientras
que Tavex advirtió que en septiembre
podría suspender gente si la situación no se revierte.
"Las perspectivas son bastante oscuras. En cualquier
momento esto explota", dijo a este medio el secretario adjunto de AOT,
José Listo.
La entrada de productos terminados como telas, prendas,
toallas y sábanas desplazó a los productos nacionales y las fábricas acumularon
stocks, una situación que podría agravarse con el sistema de compra en el
exterior "puerta a puerta", que entrará en vigor en septiembre.
Los últimos datos disponibles de ProTejer muestran que en el
primer semestre ingresaron 21.000 toneladas más de productos textiles
importados, lo que implicó un alza del 30% en volúmenes, en un contexto en el
que la demanda interna se redujo hasta un 15%.
¿Más inflación?
Por otra parte, el primer eslabón de la cadena también
empezó a verse afectado por el estancamiento económico.
Los productores de fibra de algodón, necesaria para la
industria textil, prevén un panorama menos alentador. Lo atribuyen a las altas
tasas de interés, la caída del poder adquisitivo y la pérdida de competitividad
cambiaria.
El año pasado el sector algodonero produjo 240.000
toneladas. De ese total, 160.000 se vendieron en la plaza local, 40.000 se
exportaron y otra cantidad similar fue retenida por los productores a la espera
de mejores precios.
Ahora, en cambio, se producirán 20 mil toneladas menos y
proyectan una reducción del área sembrada de 400.000 a 300.000 hectáreas, lo
que implicaría una caída del 25%.
En lugar del algodón, los productores analizan invertir en
otras alternativas más rentables en divisas como girasol o maíz.
"El año que viene se va a sembrar menos algodón porque
es un producto caro con este dólar y el precio internacional está por debajo de
los valores históricos", afirmó a iProfesional e titular de la Cámara de
Algodón, Carlos Alberto Almiroty, atribuyó.
El traspaso a otros cultivos no será gratuito para la
industria textil, que se abastece de un tercio de las 450.000 toneladas anuales
que se consumen en el mercado argentino.
Los otros dos tercios son cubiertos con importaciones.
"Se va a encarecer el principal insumo de nuestra industria local y uno de
los elementos de competitividad", advirtió Almiroty.
Esto no ayudará a desacelerar la inflación -al menos en el
rubro textil-, uno de los objetivos que se había propuesto el Gobierno al
asumir a fines del año pasado.
La única variable en pie
Desde que se abrió la compuerta a las importaciones, los
empresarios textiles critican la falta de "decisión política" para
regular el flujo por parte del Gobierno.
La mesa consultiva en las que participan con el secretario
de Transformación productiva, Lucio Castro, no arrojó mayores resultados hasta
ahora.
"Esto se debería resolver en una semana. Se
comprometieron a autorizar un 10% menos de importaciones en relación con 2015
pero, en algunos productos, el nivel de ingreso se incrementó hasta un
500%", señaló un empresario off the record.
Las quejas apuntan contra el cambio abrupto en la
administración del comercio exterior. El abandono de las Declaraciones Juradas
de Importación (DJAI) por el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones
(SIMI) derivó, a partir del 1 de enero pasado, en la liberación de unas 18.000
posiciones arancelarias de un total de 19 mil. El sobrante quedó bajo el
régimen de Licencias No Automáticas (LNA).
Por ello, las industrias regionales y gobiernos provinciales
reclaman al Ejecutivo controlar el ritmo de importaciones para que no se
desvíen de China a otros países asiáticos, eludiendo así las medidas
antidumping vigentes.
Además piden:
-Una mayor exigencia en la evaluación del Certificado de
Origen.
-Una mayor inclusión de posiciones arancelarias en el
régimen de Licencias no Automáticas.
-Un aumento en el control de etiquetados.
-Un alza del arancel externo para encarecer las
importaciones.
En respuesta a los cuestionamientos, el ministro de
Hacienda, Alfonso Prat Gay cruzó a los industriales y defendió la política de
importaciones.
"El empresariado local tiene que saber que hay un plazo
de cuatro años para hacer dieta y gimnasia, y prepararse porque después vendrán
los Juegos Olímpicos y tendrán que competir con el mundo", aseguró.
Sin embargo, la Federación de Industriales de Santa Fe
alertó que mientras el consumo, los salarios y la actividad se resienten, lo
único que crece es la llegada de productos del exterior.
"La evolución de las importaciones muestra una conducta
que no se corresponde con la dinámica del nivel de actividad económica en
general e industria en particular", señaló la entidad.
Según los últimos datos del INDEC, la compra de bienes de
consumo extranjeros avanzó un 22% en el primer semestre, entre los cuales
destacan la ropa y el calzado.
"No es gratis la importación, es dejar gente sin
trabajo", disparó Sorabilla.
La situación encendió la alarma en el sindicato, donde ya
pidieron una reunión con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca.
"Queremos que nos diga si es viable o no la industria
textil", protestó Listo.
En las últimas semanas, el gremio reclamó a la cartera
laboral elevar de $2.000 a $4.000 el monto por trabajador que reciben las
empresas en crisis beneficiadas con el programa de Recuperación Productiva
(Repro).
Se trata de un subsidio destinado a cubrir parte de los
sueldos mediante los fondos de la Anses. No obstante, el dirigente de la AOT
asegura que las partidas "salen a cuenta gotas".
Ganadores y perdedores
No todos pierden con las importaciones. Uno de los sectores
que se vio más beneficiado es el del retail.
Gracias al abandono de las DJAI, las grandes cadenas de
supermercados, tiendas comerciales y fabricantes de calzado globales se
abastecen de productos terminados por un valor 4,5 veces más baratos que los
"made in Argentina".
Así, una prenda nacional que en el país se comercializa a
$700, llega de China para venderse a $150, según informó la CAME.
Un estudio de Fisfe señala que en junio las compras de
calzado y prendas elaboradas en el sudeste asiático aumentaron un 35 y un 41%,
respectivamente. Son zapatillas y ropa que cada vez ocupan más espacio en las
góndolas de grandes comercios como Adidas, Nike y Fallabella, según indican los
industriales.
Teddy Karagozian, directivo TN&Platex, principal
productora de hilado, con 1.700 empleados y ocho plantas en el país, apuntó
días atrás contra "los tiburones importadores" y calificó la política
de comercio exterior como un "grave error" del Gobierno.
"No es una buena noticia el hecho de que los
empresarios industriales tengan que hacer el ajuste, esto ya lo vivimos otras
veces", advirtió.
En la actividad miran con temor el servicio puerta a puerta,
que permite adquirir bienes en el exterior por un máximo de cinco compras
anuales por persona, que no superen los 50 kilogramos y por un valor de hasta
u$s1.000 por operación.
Para los textiles, el nuevo sistema va a complicar a todas
las industrias, con excepción de la automotriz. "¿Era este el momento de
promover el consumo de importados de la clase media alta", se quejó
Karagozian.
El textil es uno de los sectores que el Ejecutivo instó a
"reconvertirse" en el marco del denominado "plan
productivo" que apunta a incrementar la productividad y la inversión
mediante el abaratamiento del costo del capital, una reforma tributaria, y la
disminución del costo de transporte y logística.
A diferencia de las terminales automotrices, el rubro fue
identificado como "no competitivo".
Pese a las críticas al gabinete económico, los empresarios y
gremios confirmaron a iProfesional que trabajan con los funcionarios para
reducir las cargas sociales.
La apuesta es impulsar en el interior la industria de la
confección para generar nuevos puestos de trabajo con un bajo costo de capital.
Esa es la vía a la industrialización que siguieron México,
Guatemala, Honduras, Corea, Taiwán, China, Singapur, Pakistán y Bangladesh.
Y esta estrategia ya encendió la polémica. Sucede que en
esos países las multinacionales operan en zonas francas de exportación que
gozan de incentivos fiscales y aduaneros y mano de obra barata.
La maquila textil se caracteriza por emplear en su mayoría a
mujeres, quienes reciben hasta un 50% menos del sueldo de los hombres.
Informes de OIT reconocen que en algunas de estas zonas
"se prohíben los sindicatos o se restringe su actuación", mientras
que "la legislación en materia de salud, seguridad y vacaciones, o no se
aplican o no se sanciona el incumplimiento de las mismas".
Mientras tanto, la actividad textil sigue emitiendo señales
de alerta.
Según datos de ProTejer, la capacidad instalada bajó a menos
del 70%. Y el principal gremio amenaza con salir a la calle y transformar las
quejas en protestas más visibles.
Fuente: iprofesional.com
Resistencia, 21 de agosto de 2016

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