En los últimos doce meses, el valor de los cortes vacunos se
disparó casi un 50%. Como consecuencia de este fuerte incremento, el consumo se
retrajo hasta ubicarse en mínimos históricos. Además, se contrajo la faena y la
producción. La estrategia de los ganaderos, bajo la lupa.
Tras más de ocho meses de gestión, en el Gobierno están
convencidos de haber generado las condiciones necesarias para la reactivación
de la industria de la carne.
La quita de retenciones, el sinceramiento del tipo de cambio
y, sobre todo, el fin de las trabas para exportar, son variables que eran
largamente reclamadas por los empresarios vinculados con negocios en el
exterior.
Sin embargo, al analizar los indicadores que reflejan el
nivel de actividad, todos y cada uno de ellos hoy arroja números negativos
respecto de los niveles del año pasado y, lo que es más grave, algunos incluso
muestran los peores registros en décadas.
Faena, producción, exportaciones, consumo y precios hoy
están arrojando datos adversos. Se trataría de algo impensado meses atrás,
cuando el Gobierno anunció un conjunto de medidas tendientes a darle impulso a
las diferentes actividades agropecuarias.
Según un relevamiento de la Cámara Argentina de la Industria
de la Carne (CICCRA), entre enero y julio se faenaron unas 6,6 millones de
cabezas de ganado, lo que implicó no sólo una retracción interanual de más del
7%.
Según Miguel Schiariti, presidente de la entidad, “se trató
del cuarto peor registro de los últimos 37 años”.
De acuerdo con el directivo, sólo en las dos últimas crisis
sectoriales que afectaron al agro (1998 y 2011) y en la debacle económica de
1989 la faena fue inferior a la que se registra actualmente .
Tras más de ocho meses de gestión, en el Gobierno están
convencidos de haber generado las condiciones necesarias para la reactivación de
la industria de lacarne.
La quita de retenciones, el sinceramiento del tipo
de cambio y, sobre todo, el fin de lastrabas para exportar,
son variables que eran largamente reclamadas por los empresarios vinculados con
negocios en el exterior.
Sin embargo, al analizar los indicadores que
reflejan el nivel de actividad, todos y cada uno de ellos hoy arroja
números negativos respecto de los niveles del año pasado y, lo
que es más grave, algunos incluso muestran los peores registros en décadas.
Faena, producción, exportaciones, consumo y precios hoy
están arrojando datos adversos. Se trataría de algo impensado meses
atrás, cuando el Gobierno anunció un conjunto demedidas tendientes a darle
impulso a las diferentes actividades agropecuarias.
Según un relevamiento de la Cámara Argentina de la Industria
de la Carne (CICCRA), entre enero y julio se faenaron unas 6,6
millones de cabezas de ganado, lo que implicó no sólo una
retracción interanual de más del 7%.
Según Miguel Schiariti, presidente de la entidad, “se trató
del cuarto peor registro de losúltimos 37 años”.
De acuerdo con el directivo, sólo en las dos últimas crisis
sectoriales que afectaron al agro (1998 y 2011) y en la debacle económica de
1989 la faena fue inferior a la que se registra
actualmente.
Con este indicador en caída y consumo en baja, la producción de carne se
vio claramente afectada.
Según los datos de CICCRA, entre enero y julio se produjeron
casi 1,5 millones de toneladas. Este volumen implicó una caída de
casi 10% respecto de igual lapso de 2015.
Ventas al mundo: sin reacción
Las exportaciones tampoco están reaccionando como se
esperaba. Según datos del SENASA, en el primer semestre las ventas al mundo de
carne y subproductos alcanzaron las 120.000 toneladas, unas 4.000 menos que en
igual período de 2015.
Según el economista Juan Manuel Garzón, de Fundación
Mediterránea, “a partir de la eliminación de los derechos de exportación y de
la suba del tipo de cambio, las condiciones para los exportadores han
mejorado".
"Es de esperar que se vuelvan a observar envíos hacia
algunos destinos que habían sido descartados por falta de condiciones
económicas. Pero la recuperación del comercio externo será y está siendo
lenta”, advirtió.
Por cierto, las exportaciones acumuladas al primer semestre
muestran un registro muy bajo para un país con el potencial como el de la
Argentina.
De hecho, son cifras incluso menores a las que se
registraron durante algunos años en los que el entonces secretario de Comercio,
Guillermo Moreno, frenaba y hasta prohibía los envíos al exterior.
¿Cómo se explica esta contracción pese a que una de las
primeras medidas del macrismo fue la de levantar las trabas?
La razón es que para los frigoríficos exportadores la
hacienda en pie nacional todavía está cara en dólares, si se comparan los
valores que se están pagando en otros países de la región.
Según Garzón, hasta junio, el novillo para exportación con
sello argentino costaba u$s1,97 por kilo, entre un 30% y un 34% más que en
Brasil y Uruguay, donde se pagaban u$s1,47 y u$s1,51, respectivamente.
Consumo: en sus mínimos históricos
La demanda de carne en el mercado doméstico es otra de las
variables que no está arrojando buenas noticias para el Gobierno, sobre todo
porque el consumo de cortes vacunos es uno de los termómetros más precisos para
medir en qué nivel se encuentra el poder adquisitivo de los argentinos.
Por ejemplo, en 2003 -tras la devaluación que puso fin a la
convertibilidad- el consumo había tocado un piso del orden de los 56 kilos per
cápita. En 2009, tras años de bonanza para la economía, el indicador trepó
hasta los casi 70 kilos por habitante, en promedio.
Sin embargo, en la actualidad, los registros que miden el
flujo de consumo no brindan muchos motivos para festejar.
La demanda per cápita de los últimos doce meses está en los
57 kilos. Esto no sólo representa 2,4 kilos menos que en el período anterior,
sino que este año –junto con el crítico período de 2011- está por volver a
tocarse uno de los menores registros en casi nueve décadas, si se considera la
serie histórica del Ministerio de Agricultura.
“En otra época, el hecho de que el consumo de carne roja
hubiese caído un 10% interanual hubiese merecido un título catástrofe. Pero
porque los argentinos no comían tanto pollo o cerdo. Hoy en día hay un
complemento y el bajón se hace menos evidente, indicó Schiariti.
Precios: hacia arriba
En este contexto, los expertos ponen énfasis en un factor
que explica el bajón de consumo: el aumento de precios de la carne vacuna, que
en los últimos meses se movió por encima de los de otros cortes, como el cerdo.
Según datos de CICCRA, en los últimos doce meses hasta
julio, la carne vacuna acumuló un alza del 46%, en línea la inflación general,
pero muy por encima de la carne porcina, que se encareció 18 puntos menos,
principalmente porque el Gobierno habilitó embarques provenientes de Brasil y
Dinamarca, para así propiciar una baja en los precios, algo que se terminó
evidenciando en los mostradores.
Ahora bien, ¿por qué aumentó la carne de vaca, en un
contexto de retracción de consumo y pérdida de poder adquisitivo?
Para Garzón, esto se explica por el cambio de precios
relativos en la economía, tras el desarme del cepo.
“El ciclo ganadero generó complicaciones en los planes de
estabilización de precios luego de cambios en el valor del dólar o con la
mejora de las condiciones para los exportadores, a través de una baja de
impuestos (como las retenciones), la eliminación de las restricciones”, indicó el
experto.
El negocio de la carne “está mal pero va bien”
Con un combo que conjuga faena en baja, producción en caída,
exportaciones sin reacción, consumo en mínimos históricos y precios en alza,
estarían datos todos los ingredientes para que el sector de la carne esté
atravesando una crisis terminal.
Lo paradójico es que parte de los números en rojo que
muestra la actividad son consecuencia del mayor optimismo que hoy se respira en
el negocio.
En otras palabras: el cambio de ciclo, el menor intervencionismo
sobre toda la cadena y el fin de las trabas para exportar, supuso una mejora
importante en el clima de negocios, tras años de complicaciones para el
"bife argentino".
¿Y cómo reacciona el sector ganadero ante un cambio de ciclo
y una perspectiva de mejora? Reteniendo “vientres”, es decir, no enviando al
matadero a las vacas que en realidad pueden ser preñadas, y así lograr
incrementar el número de cabezas.
“Las medidas que se tomaron para incentivar exportaciones y
volver a conectar a la Argentina con los mercados internacionales fueron
recibidas con entusiasmo por los ganaderos, que decidieron empezar a retener
vientres”, confirmó Schiariti.
El problema es que esta decisión, que es positiva para la
sustentabilidad del negocio a largo plazo -dado que implica que no se están
rematando las “fábricas” de carne-, en lo inmediato es negativo para la
industria frigorífica y para los consumidores.
Básicamente porque mes a mes se achica la oferta de cabezas
que se envían a faena, hay menos actividad productiva y los argentinos deben
pagar mayores precios frente a la caída de la oferta.
“El conocido ciclo ganadero intensifica una suba o baja en
los precios de la hacienda. Cuando el precio de los animales mejora y dicha
mejora se percibe como duradera, el productor entonces responde restringiendo
la oferta, es decir, reteniendo animales”, explicó Garzón.
“La participación de hembras en el total de animales
faenados define el sentimiento que domina en la ganadería; este indicador
sintetiza las expectativas de los productores respecto del futuro del negocio”,
agregó el experto.
Según datos de CICCRA, en los primeros siete meses del año,
la faena de hembras equivalió al 41% del total, 2 puntos porcentuales por
debajo de los niveles de 2015. Es una mejora leve pero que ya lleva casi un año
y que muestra síntomas de mejoría.
En la actualidad, según Schiariti, hay en existencia unas
51,5 millones de cabezas. En 2006 se llegaron a contabilizar 60 millones de
animales.
Sin embargo, tras las sucesivas intervenciones del gobierno
kirchnerista, se produjo una fuerte caída del stock, que llevó el rodeo a tocar
el piso de 48 millones de cabezas.
“En este último tiempo hemos recuperado 3,5 millones de
animales. La retención de vientres es clave para incrementar la hacienda de la
Argentina y volver a esas 60 millones de cabezas, un nivel que permitiría
exportar y asegurar una buena oferta en el mercado interno sin volatilidad de
precios”, indicó Schiariti.
Sin embargo, alertó que es un proceso lento: “La ternera que
no se mandó a faenar en estos meses y se la mantuvo pastando en el campo para
que sea preñada, va tener una cría que va a estar llegando al mercado de
Liniers recién en las próximas elecciones presidenciales. Es un ciclo muy
lento”.
Además, indicó que pese a las mejores perspectivas que hay
para los ganaderos, esto todavía no se está traduciendo en el segundo eslabón
de la cadena: los frigoríficos.
“Durante el kirchnerismo cerraron las puertas 119
frigoríficos y se perdieron 19.600 puestos de trabajo. Por el momento, no
tenemos conocimiento de que haya nuevas inversiones, básicamente porque la
capacidad instalada que nos dejó la crisis es muy elevada”, afirmó Schiariti.
Según el directivo de CICCRA, en la Argentina hay capacidad
para faenar 17 millones de cabezas. “Este año con suerte estaremos en las 12
millones. Es decir que estamos operando con una capacidad ociosa de más del
30%”, agregó.
Sin embargo, expertos consideran que la última fase del año
arrojará mejores noticias para la industria y los consumidores.
“Existen elementos para proyectar un escenario base en el
que los valores de la hacienda y la carne bovina continuarán subiendo pero a
tasas decrecientes en los próximos meses. Incluso, hasta podrían ubicarse por
debajo del índice general de precios”, aseguró Garzón.
La razón, para el especialista, es que “se empezará a
recuperar la oferta de animales para faena y más carne se irá volcando al
mercado interno en los próximos meses”, lo que también implicaría más actividad
para los frigoríficos.
Como se observa, el "bife argentino" está en plena
tansición. Nadie festeja, pero tampoco se respira un aire de "crisis
terminal". Como repiten en cada eslabón de esta cadena, "estamos mal
pero vamos bien".
Fuente: iprofesonal.com
Resistencia, 28 de agosto de 2016

No hay comentarios:
Publicar un comentario