Además advirtieron que el escenario puede empeorar.
Especialistas dicen que la explosión de casos es consecuencia de varios factores
al mismo tiempo
La explosión de los casos de dengue en la provincia de
Misiones durante este 2016 supera ampliamente a lo sucedido en la anterior
epidemia, la registrada en 2009. Los números oficiales del Ministerio de Salud
de la Nación dan como confirmados un total de 11.510 personas infectadas a la
semana epidemiológica número diez, es decir, la segunda semana de este mes de marzo.
Se detalla inclusive, que esta cantidad de casos incluye a los confirmados por
nexo epidemiológico y los probables en zonas de circulación viral demostrada,
como lógicamente lo es Misiones.
El Ministerio de Salud de Misiones había informado hasta los
casi 8.400 casos, al pasado día lunes.
Desde conocida la cantidad de casos, principalmente en las
ciudades de Puerto Iguazú y Posadas, el gobierno de Misiones declaró junto a
autoridades de la Nación, la emergencia de la enfermedad por 120 días, por lo
que estaría llegando a su fin entre las últimas semanas de abril y el comienzo
de mayo.
De acuerdo a lo explicado por los especialistas consultados,
para poder entender o comprender el porqué del masivo contagio viral que hasta
propició que los casos llegaran a otras provincias, se combinan varios
factores, desde la llegada temprana de los mosquitos virémicos, la
deforestación, el calentamiento global a las incesantes lluvias causadas por el
denominado fenómeno El Niño. Pero todos no olvidan en señalar que la
propagación del virus del dengue, transportado y transmitido por el mosquito
Aedes aegypti, es por el descuido de las personas en no seguir las claras y
fáciles acciones de prevención y limpieza de sus viviendas y de su entorno.
Para el Ministerio de la Nación, el análisis de la situación
actual comparada con la de los últimos cinco años, muestra que durante la
presente temporada los brotes de dengue se anticiparon al período habitual, con
un número de casos mayor y el número de provincias con casos autóctonos
confirmados o probables notificados, llega ya a quince. Y el escenario no es el
mejor, debido a la circulación de los virus del zika y la chikungunya en los
países de la región, la oferta viral aumentada en distintas provincias del país
y el flujo de viajeros que se dirigen desde y hacia zonas con circulación viral
en el país y en los países limítrofes.
“El Niño no fue importante”
Para Nicolás Schweigmann, doctor en ciencias biológicas,
investigador del Conicet y responsable del grupo de Estudio de Mosquitos de la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires
(UBA), “el fenómeno de El Niño para nuestra región no fue importante para
favorecer la epidemia de dengue de 2016 y reitero, para nuestra región”.
Según explicó a El Territorio, como primer antecedente, “la
epidemia de 2009 fue importante y se produjo en extrema sequía y además los
epicentros fueron en Charata (Chaco) y ciudad de Catamarca (que se encuentra
enclavada en un desierto). Y como segundo antecedente que refuerza esa teoría
para el investigador de la UBA, está “la epidemia de fiebre amarilla urbana
(transmitida por el Aedes aegypti) más importante de Buenos Aires se produjo en
1871 y creo que no podemos asignarle en el efecto de cambio climático tal cual
se habla en estos días”.
Nicolás Schweigmann sí se anima a asegurar que “este año se
combinó la presencia de muchos mosquitos (como viene sucediendo en todos los
períodos estivales) con la llegada de virémicos desde zonas de alta transmisión
de dengue. Los virémicos entraron al país mucho más temprano que en epidemias
anteriores y dio tiempo para que el efecto se multiplicara mucho más”.
“Gran producción de mosquitos”
Para el biólogo Fabricio Tejerina, al frente en el municipio
posadeño de los levantamientos rápidos de índices larvarios de Aedes,
especialmente durante el brote del año 2009, aseguró a El Territorio que
"seguido a las lluvias aumentaban los criaderos de mosquitos efectivos,
con larvas en los patios de las viviendas, es decir, que en los patios se
encuentran una gran cantidad de objetos que pueden acumular agua, (los más
abundantes eran baldes de pintura o similares de 5,10 y 20 litros, neumáticos,
lonas, platos, porta macetas), que es donde los mosquitos ponen sus
huevos".
Entonces, Fabricio Tejerina recuerda que "si estos
lugares no son desagotados cuando llueve, acumulan agua por varios días
transformándose en lugares de gran producción de mosquitos, y si las lluvias
aumentan como lo hacen cuando se presenta el fenómeno de El Niño, estos lugares
nunca se secan, la cantidad de mosquitos que emergen es continua, si estos
lugares serían eliminados, sería un factor limitante para su
reproducción".
En cuanto a los factores que favorecieron a la explosión de
casos, el biólogo dijo que "hay dos principales que permiten que comience
un brote que son, que venga una (o varias personas) con el virus y la presencia
de mosquitos que tengan acceso a picar a los enfermos en período de viremia de
la enfermedad. Pero hay que considerar otros factores y, según mi experiencia,
lo importante es actuar rápidamente con los bloqueos epidemiológicos, aislando
los casos y controlándolos a tiempo.
El investigador Nicolás Schweigmann concluye que la única
forma de prevenir la transmisión local es mediante control del número de
criaderos y, por lo tanto, de mosquitos en los ambientes urbanos. Y que la
única forma conocida de ese control es mediante un cambio cultural hacia la
mirada de un ambiente saludable (a nivel de manzana) libre de criaderos de
mosquitos y otras plagas urbanas.
Fuente: territoriodigital.com
Resistencia, 27 de
marzo de 2016

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