La contienda por el AFCSA lejos está de ser sólo política,
por el mero hecho de derrotar a un bastión del kirchnerismo. Hay muchos dólares
en juego, más que en cualquier otra industria. El equipo económico lo sabe, y
es consciente de que serán clave para que el país avance rápido en otros
aspectos
Las razones por las que el presidente Mauricio Macri decidió
patear el tablero de las telecomunicaciones -a los pocos días de haber asumido-
responden no sólo a la necesidad de derrotar a uno de los bastiones
kirchneristas representado en la figura de Martín Sabbatella.
Por cierto, hay más que eso. Tiene que ver con un tema del
que poco se habla pero que reviste una importancia trascendental para el nuevo
Gobierno.
El sector de las telecomunicaciones -pese a las críticas que
recibe- invierte en la Argentina mucho más que otros que suelen rankear alto a
la hora de captar dólares como, por ejemplo, la industria petrolera.
Claro que para que se dinamicen los desembolsos, para que
mejoren la actual infraestructura, optimicen sus servicios y avancen en el
desarrollo de nuevas tecnologías, el Gobierno tiene que cumplir primero con su
parte.
Esta es, precisamente, generar las condiciones adecuadas
-tanto jurídicas como aquellas otras vinculadas con el plano cambiario- para
que los grandes players del sector concreten los compromisos que han asumido
frente a Macri y equipo.
¿Qué empresas conforman esta lista? En la "pole
position" aparecen Telefónica, Telecom y Claro. Un poco más atrás, dentro
del primer pelotón, Cablevisión y Telecentro.
En el segundo grupo se enlistan Supercanal, DirecTV, la red
Intercable, y operadoras independientes, como iPlan, Metrotel y las
cooperativas de telecomunicaciones.
Todas estas compañías en 2015 generaron ventas en el país
nada menos que por $120.000 millones.
Pero hay más. Las inversiones comprometidas para 2016 sólo
por pare de las cinco primeras -que concentran el 80% de los ingresos- escalan
por encima de los $30.000 millones.
Este monto supera con creces el que anualmente viene
desembolsando la industria petrolera en la Argentina, que suele ser "high
profile", al igual que la automotriz. Es decir, que cada anuncio que
realizan, por pequeño que sea, cobra una alta difusión.
Si se repasan los aportes realizados por las principales
compañías que operan en el país (YPF, PAE, Chevron) apenas superan los u$s1.000
millones promedio por año, de acuerdo con lo que cada una de ellas ha informado
oficialmente.
Comparaciones "odiosas"
Un ejemplo concreto es el anuncio efectuado por YPF y Dow,
que informaron que destinarán "apenas" u$s500 millones de manera conjunta
para el desarrollo de un bloque de shale gas en Neuquén. Por cierto, su
ejecución se hará a lo largo de todo el 2016.
El compromiso asumido por estas compañías equivale a apenas
un cuarto de lo que Telefónica y Telecom invertirán ese año. O a la mitad de lo
que aportarán de manera individual en este lapso.
Cada una de ellas dispondrá de $10.000 millones durante el
año próximo. En el caso de Telecom, este monto se mantendrá para 2017 y en el
de Telefónica se incrementará a razón de 20% anual para 2017 y 2018.
Estas dos grandes players en el campo de las
telecomunicaciones prometieron desembolsos por casi $70.000 millones hasta
2018.
Lejos de "atemorizarse" ante la contundencia de
estas cifras, el resto de las compañías del sector no quiere quedarse atrás.
Si de realizar "comparaciones odiosas" se trata,
el anuncio de YPF y Dow es comparable con el monto previsto por Claro, por un
lado, y el de Cablevisión, por otro, para ampliar su infraestructura y su
oferta de servicios.
Cablevisión desembolsará u$s450 millones para continuar
desarrollando banda ancha en el país.
Claro, en tanto, hará lo propio (u$s400 millones) como parte
de un plan que ya arrancó y que se extenderá hasta el 2018. Hacia ese año,
habrá desembolsado nada menos que u$s1600 millones.
Telcos, las más activas que otras
Cuando se miran los datos estadísticos del Banco Mundial,
también se advierte que la industria de las telecomunicaciones ha sido la más
activa de los últimos 15 años.
Incluso, si se la compara con aquellos sectores que suelen
ser claves para la economía de un país, como lo es el de la energía, el
transporte y algunos servicios, como la provisión de agua.
En el lapso comprendido entre 2006 y 2010, los desembolsos
de la industria energética fueron de "apenas" u$s800 millones,
mientras que el de las telcos casi triplicaron esa cifra (u$s2.100 millones).
En los años siguientes ,2011 a 2015, estas últimas incrementaron
sus aportes en unos u$s2.500 millones, principalmente a raíz de la licitación
del espectro y del inicio de construcción de las redes 4G.
Un repaso sobre lo realizado por cada rama de actividad en
estos años es prueba bien elocuente de cómo las telecomunicaciones en la
Argentina se convirtieron en el sector más activo en materia de inversiones.
Semejantes apuestas encuentran, por cierto, sustento firme.
Esta industria no sólo es clave porque llega a millones de argentinos, ya sea a
través de los celulares, de los servicios de banda ancha fija, voz e Internet.
También, porque de su existencia depende gran parte del
desarrollo del país y la vinculación entre el mundo de las empresas y los
nuevos negocios.
En materia de inversiones, el rubro de las telecomunicaciones
adquiere un rol protagónico para el equipo de Macri. Incluso, más que cualquier
otra rama de actividad.
El Gobierno pretende que se aceleren las inversiones. Pero
sabe que para que esto ocurra deberá crear las condiciones necesarias para
dinamizar, por un lado, este proceso en el plano interno y, por otro, para que
lleguen capitales de afuera.
¿Qué exigen las compañías? Principalmente un marco
regulatorio claro, que se dejen de lado las peleas políticas con los grupos de
medios, que se eliminen asimetrías, que se favorezca la competencia y que
también se definan mecanismos de control objetivos.
El AFSCA y dos normativas clave
Las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522)
y la de Argentina Digital (27.078) fueron ideadas por el kirchnerismo para
regular por separado algo que inevitablemente estará unido, producto del avance
de las nuevas tecnologías.
- La primera de esas leyes está vigente y reglamentada, si
bien ostenta un gran problema: insólitamente los legisladores no incluyeron a
Internet cuando la pensaron. Por eso, la mayoría de los expertos afirma que ya
ha "nacido vieja".
- En la segunda, si bien se aprobó, nunca fueron
reglamentados aspectos básicos para el funcionamiento del mercado y para el
aliento de nuevas inversiones. En este caso sí se incluyó a la web pero de
manera muy "liviana", dejando más lugar a dudas que a certezas.
Que se avance sobre un nuevo marco regulatorio -a tono con
los tiempos modernos- y que se contemple la necesidad de revisiones periódicas,
se imponen como premisas para lograr el objetivo perseguido por el Gobierno.
Es decir, que se agilicen las inversiones e ingresen en el
corto y mediano plazo esa caudal de "telco-dólares" que tanto busca
Macri y equipo para reactivar la economía, más allá del efecto positivo que
generará en los usuarios un mejor servicio.
Por cierto, trabajar en un marco regulatorio moderno no será
un proceso libre de tensiones. Las empresas también tienen sus intereses, sus
diferencias y sus peleas eternas, como la que vienen sosteniendo desde hace más
de una década Telefónica y Cablevisión.
A este tipo de contiendas se irán sumando otras, como la
puja que ubica a las proveedoras de red de un lado (Telefónica, Telecom,
Cablevisión) y a las de servicios y aplicaciones por el otro (Google, Facebook,
Netflix).
Todas son expertas en el arte de hacer lobby para impulsar
aquellos temas que cada una necesita que sean tratados en la agenda oficial.
Primero, la política
Las primeras líneas del Ministerio de Comunicaciones
pergeñado por Macri tienen una característica acorde con los objetivos que él
persigue: son lideradas por políticos y no por técnicos. Y así lo entienden en
la industria de las telcos.
Saben que en este primer tramo de la nueva administración
habrá que jugar fuerte en ese terreno, hacer ejercicio del poder y encarar las
negociaciones pertinentes. Por eso fue elegido al ministro Aguad, que cuenta
con la habilidad suficiente para desarrollar una tarea de este tipo.
Algo de ello puede verse también en las designaciones de los
interventores de la AFSCA y la AFTIC, y hasta en ArSat, la empresa estatal de
servicios satelitales.
Una vez despejadas las urgencias políticas será el momento
de avanzar en las cuestiones técnicas. Básicamente en aquellas vinculadas con
la definición de un nuevo marco regulatorio.
Se descuenta que cuando el Congreso inicie sus sesiones en
2016 ingresará un nuevo proyecto que integrará ambas leyes mencionadas.
Serán los tiempos de las segundas líneas, como la del
vicepresidente de ArSat, Henoch Aguiar, ex secretario de Comunicaciones del
Gobierno de Fernando de la Rúa y promotor de la apertura de este mercado en
esos años.
También, del resto de los referentes con experiencia en la
materia que estuvieron acercando propuestas a la Fundación Pensar. Eso traerá
nuevas tensiones pero con un panorama político más despejado, al menos en
materia de telecomunicaciones, medios y nuevas tecnologías.
Fuente: iprofesional
Resistencia, 27 de diciembre de 2015

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